Cuando la vivienda se convierte en nuestro hogar
- iquerio
- 18 dic 2021
- 2 min de lectura
Este año se cumplen 10 años desde que me recibí de arquitecto en la UBA. Y a lo largo de estos años ejerciendo en mi ciudad de Salta, principalmente dedicado a la vivienda unifamiliar, he podido contrastar las distintas situaciones que pueden movilizar a alguien a apostar por construir una casa. Lo que he podido concluir es que hay una enorme relación entre los conceptos de familia, hogar y casa. Claramente, con esto no he inventado la pólvora, pero aquí quiero hablar de “casa” en cuanto “MI casa”.
Sin proyecto de familia, el lugar para vivir se suele solucionar con un departamento o alquilando. En cambio, los casos en que me ha tocado diseñar o construir casas, siempre era en función de una familia. Incluso las veces que he realizado proyectos de casas para vender, se trataba de pensarlas para familias que las comprarían.
Y dentro del rico espectro de posibilidades que plantean las personalidades humanas, algunas veces se trataba de familias que ante una mejora en sus condiciones laborales, o ante un ingreso mayor de dinero generado o ahorrado, decidían mejorar también su calidad de vida proyectándose en mejores viviendas, más amplias o más funcionales.
Pero son muchas más veces las que me ha tocado proyectar viviendas para familias jóvenes. Parejas que formalizaron recientemente su unión o matrimonios jóvenes con hijos chicos. Y la constante que pude detectar es esta: aquellos que comienzan una nueva familia siempre tienen en el horizonte el sueño de la casa propia. Es parte de ese proyecto vital que empieza cuando dos personas deciden apostar por una vida juntos. Se proyectan a futuro y allí están puestas sus mejores ilusiones. Es como si volvieran a nacer. Es un nuevo comenzar. Una etapa sin estrenar aún se abre ante sus ojos. Y esos intangibles de sueños, proyectos e ilusiones se topan con la realidad material sujeta a las coordenas de tiempo y sobre todo de espacio, cuando surge la pregunta fundamental: ¿dónde vamos a vivir? Y aunque pueda darse rápidamente a ese interrogante una solución, si no se trata de nuestra-casa, difícilmente quede respondida del todo. El anhelo de la casa ideal para mi familia surge de querer dar a los seres queridos lo mejor, de soñar juntos (él y ella) una vida feliz junto a los hijos. Y en esos sueños siempre aparece –informe quizás aún- el recinto que albergará esos sueños de felicidad. Su presencia es muda, pero está allí, en el inconsciente, como un horizonte a alcanzar algún día.




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